15 mayo, 2008

Iluminados por el fuego

Los Palentinos asistimos, al igual que el resto de los súbditos de JC, al derrumbe de la Construcción y de la Banca sin prestar la mas mínima atención al acontecimiento. El hecho de que nuestras vidas van a cambiar de forma irreversible, aún incluso si somos de Palencia, aún no ha calado en nuestras duras cabezas. Ya no hay mas crédito. No hay mas dinero en la saca de Bancos y Cajas. Ya no podemos pedir un crédito para hacernos con ese televisor de plasma que nos guiña el ojo a la entrada de Prica, irnos de vacaciones a ese "resort" del Caribe del que todo el mundo habla, pagar las clases de inglés de los niños o, simplemente, cambiar de Audi. Ni este año, ni los que están por venir.

En realidad hace mucho tiempo que dejó de haber dinero. La suma de las pensiones y salarios de la automoción, agricultura y funcionarios no daba de si para tanto gasto. A los Palentinos, al igual que al resto de los españoles y de igual forma que a los Norteamericanos, se nos ofreció y aceptamos un método alternativo para financiar nuestra sed de consumo: "la especulación inmobiliaria".

Muchos paisanos cuando se percatan del valor de su vivienda piden una ampliación de su crédito aprovechando el aumentado el valor de su grantía. Otros, mas ambiciosos, venden su vivienda y con el dinero obtenido pagan la entrada de otra aún mas cara, dado que si el precio sube de manera constante, cuanto mas valga la vivienda mas aumentará su valor. Esta subida de precios obliga a los jóvenes, deseosos de independizarse, a un compromiso con el banco que se alarga cada vez mas, llegando en la actualidad con mucha facilidad a los 30 años.

Sin embargo la vivienda no es un bien productivo, en el sentido en el que lo son la maquinaria industrial, un autocar de transporte de pasajeros o incluso un ordenador. No generan riqueza con su uso habitual, mas allá de la renta de un alquiler, a diferencia de una nave industrial o un local comercial. El capital invertido en la compra de una vivienda no supone un aumento de la cantidad de productos o servicios disponibles en la economía. En la medida en que se destina un porcentaje de la riqueza nacional a la producción de viviendas, disminuye la capacidad para generar bienes de consumo o servicio en el país. Para mantener el consumo, aumentan las importaciones del exterior. El ahorro nacional desaparece debido a la necesidades de consumo de bienes importados o al pago de un crédito previamente solicitado. Los bancos recurren entonces a importar crédito de países ahorradores, que son precisamente aquellos que nos venden bienes y servicios.

El banco solicita un crédito a un inversor extranjero a cambio de un porcentaje sobre el mismo. Así, un crédito de 100€ al 5% en un banco español se vende a cambio de 100€ de un banco alemán, que recibirá un 4% de beneficio por el préstamo, dejando como ganancia para el banco español el 1% restante. Todos recordamos que hasta hace bien poco era muy fácil conseguir un crédito con trabajos temporales, por mas del 80% del valor de el bien garante, sin ningún tipo de aval, etc. ¿Que pasa cuando se descubre el pastel y los prestamistas extranjeros se dan cuenta que han prestado a bancos con una solvencia de lo mas dudosa? Fácil, que no te prestan mas.