30 mayo, 2009

El Orfanato

Hoy, en la cola del Carrefour, me he cambiado de caja tras haber empezado a esperar mi turno en la cola de una de ellas. La razón no era una cajera desagradable en la primera opción, ni una muy guapa en la nueva caja. Unos niños estaban manipulando una enorme caja de huevos kinder, con el consiguiente peligro caída espectacular en la que verse implicado de como una victima colateral. Tras cambiar de caja como medida preventiva, he visto como los niños se desplazaban a la nueva caja. El pánico se apodero de mi por unos segundos, hasta que me vi que no me seguían a mi, sino a sus padres, que me precedían en la cola .

Siempre me llama la atención las situaciones de padres ausentes en lugares públicos. Cuando un chaval se comporta de una manera impropia, molestando con sus lloros y peticiones constantes, o cogiendo reiteradamente artículos a la venta que no van a ser adquiridos, el padre resulta en la mayoría de los casos la persona que intenta con fervor aparentar no tener nada que ver con ellos. Son personas que no se sienten a gusto con sus propios hijos. Intentan evitar que se les asocie con ellos en los lugares públicos, lo cual es aún mas triste que el comportamiento del niño.

En esos momentos pienso en qué podían tener en la cabeza estas personas a la hora de tener hijos. Es posible que fuera algo involuntario, un accidente, o quizá fue por cumplir con la familia, que insistía sin cesar en tener un nieto, o con la esposa, que sentía la llamada de la maternidad. O quizá fue de buena fe y se lanzaron a la aventura de criar un hijo para descubrir que la paternidad no es tan divertida desde dentro como desde fuera. Sea como sea, en el futuro próximo habrá que añadir otra posibilidad: Quizá fue por recibir una subvención de la junta, o por reducir la jornada de trabajo, que ese niño vino al mundo. Una idea triste y pobre que acudirá a mi mente cada vez sea testigo de la repetición de esta escena.