Siempre me llama la atención las situaciones de padres ausentes en lugares públicos. Cuando un chaval se comporta de una manera impropia, molestando con sus lloros y peticiones constantes, o cogiendo reiteradamente artículos a la venta que no van a ser adquiridos, el padre resulta en la mayoría de los casos la persona que intenta con fervor aparentar no tener nada que ver con ellos. Son personas que no se sienten a gusto con sus propios hijos. Intentan evitar que se les asocie con ellos en los lugares públicos, lo cual es aún mas triste que el comportamiento del niño.
En esos momentos pienso en qué podían tener en la cabeza estas personas a la hora de tener hijos. Es posible que fuera algo involuntario, un accidente, o quizá fue por cumplir con la familia, que insistía sin cesar en tener un nieto, o con la esposa, que sentía la llamada de la maternidad. O quizá fue de buena fe y se lanzaron a la aventura de criar un hijo para descubrir que la paternidad no es tan divertida desde dentro como desde fuera. Sea como sea, en el futuro próximo habrá que añadir otra posibilidad: Quizá fue por recibir una subvención de la junta, o por reducir la jornada de trabajo, que ese niño vino al mundo. Una idea triste y pobre que acudirá a mi mente cada vez sea testigo de la repetición de esta escena.
1 comentarios:
Lo cierto es que tienes mucha razón con lo que escribes, es mas, esos niños sera igual o peor que los adolescentes monstruosos que tenemos ahora.
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